miércoles, 15 de mayo de 2013

A modo de resumen

Antes de abordar el que será el último post de este blog, quiero comenzar con una disculpa por haber faltado a mi cita la pasada semana. El jueves pasado me caí con la bicicleta montando en el parque Juan Carlos I, y me hice una herida bastante grande en el codo del brazo derecho, y también en el muslo y en la rodilla. Las lesiones no fueron de gravedad, pero he estado bastante impedido, y lo cierto es que no he podido escribir ninguna entrada.

Afortunadamente, ya estoy mejor, y en disposición de hacer una entrada - resumen de este blog en el que he tratado de dejar claras cuáles son mis ideas y puntos de vista acerca de la educación. Durante los últimos días, y especialmente el pasado 9 de mayo, hemos visto cómo alumnos, profesores y padres han salido a la calle para defender la educación pública, gratuita y de calidad, con el mismo ímpetu con el que se ha defendido la sanidad pública, con un referéndum ciudadano en que la opción de mantener el modelo actual ha vencido mayoritariamente.

Mi convicción sigue siendo efectivamente la de garantizar una educación pública, gratuita y de calidad. Como me dijo mi querida profesora de Lengua del colegio Estilo Esther Blasco, la escuela pública es la base de cualquier estado, es el origen en el que nos tenemos que mirar todos, es un servicio público que debe seguir siendo regido por el estado, y no debe ser en ningún caso susceptible de mercantilismo ni de comercio. Es fundamental garantizarlo.

Europa debe garantizar que haya un mínimo nivel de educación pública en todos los países de la comunidad, y eso no puede exceptuar a ninguno, ni siquiera a España. España funciona de una manera muy determinada, pero también lo hacen los demás países. En ellos no existe ese problema que hay en España. El hecho de que Madrid haya aplicado un modelo independiente al del resto del país en que la sanidad sea comercio, y también pueda serlo la educación, es francamente lamentable, y nos debería repugnar a todos los que amamos la libertad.

Estamos prisioneros de un sistema y un modelo neoliberal que convierte a todo y a todos susceptibles de ser vendidos, suceptibles de que se comercie con ellos, es un modelo que nos han metido con calzador sin preguntarnos a ninguno sobre si era eso lo que queríamos. Esto está destruyendo el tejido social de los países, y amenaza con generar involuciones peligrosas que acaben con una salida absolutamente indeseable. La educación no es una materia que deba ser susceptible de ser materia de comercio.

Si he dejado un punto de vista claro, ha sido el de que educación y política sean dos materias completamente diferenciadas. Para evitar que los políticos de uno u otro signo tengan la tentación de gobernar con la educación, hay que hacer una reforma constitucional del artículo 149, el que regula las materias exclusivas legisladas por el estado. Esto evitaría que las comunidades pudieran tener cada una su propia ley de educación. Reformar las leyes de educación pasa también por reformar las mayorías, hacerlas más amplias.

Las materias tienen que ser muy comunes, sin embargo, es necesario que las comunidades autónomas que tengan lenguas cooficiales dentro de ellas puedan hablarlas sin miedo. En un tiempo en que la ultraderecha ha convertido "catalán" en un insulto, es necesario que dejemos de banalizar al respecto. No se pueden legislar los sentimientos, ni poner puertas al campo. Querer evitar el desarrollo natural de la inmersión lingüística, por un lado o por otro, es estéril y absolutamente lamentable.

He hablado también de la asignatura Educación para la Ciudadanía, y de la necesidad de garantizar un mínimo conocimiento de los símbolos de cada estado. Siempre hay una tendencia bastante lamentable por parte del sector más conservador de la sociedad a legislar acerca de todo: el aborto, los matrimonios homosexuales, el divorcio, y a basar su razonamiento en el desconocimiento absoluto de la realidad. Expuse abiertamente en una de las últimas entradas la realidad de la asignatura, y cómo yo considero que habría que hacerlo. Simplemente diré que habría que anular la suspensión de la asignatura, y hacer lo que se debe hacer.

Esto ha sido todo. Confío en que los lectores de este blog hayan disfrutado en algún momento de lo que he hecho, con la mejor de las intenciones. Por mi parte, quiero decir que ha sido un placer hablar de educación, he vivido muchas cosas en la escuela general, y he pasado mucho. Cuando me toque ser padre, trataré de garantizar de la mejor de las maneras que mis futuros hijos tengan la mejor de las educaciones. Es el trabajo de todos. Hasta siempre.

Aprender es descubrir que algo es posible
Fritz Perls

martes, 30 de abril de 2013

El patriotismo y la educación, un matrimonio no muy bien avenido

Si algo he querido dejar claro a lo largo del transcurso de este blog, ha sido que la política muchas veces, demasiadas, entra en el campo de acción de la educación, y provoca numerosos problemas. Sin embargo, nadie pierde la oportunidad de lanzarse a ello. Uno de los métodos que más se siguen, sea el país que sea, es el de intentar crear "conciencia nacional" en los alumnos desde pequeños, es decir, intentar formarles en unos principios muy sencillos que siempre han de seguir.

Las dictaduras y regímenes autoritarios comprendieron desde un principio que si se quería calar en un pueblo, tenían mucha más fuerza las clases que las armas. Por ello, es un patrón común visible en todos esos regímenes los planes de educación al respecto. Existen tres modelos diferentes de este tipo de condicionamiento.

El primero fue el de los regímenes dictatoriales de derechas. El mayor ejemplo se encuentra en nuestro país. En España, durante el franquismo, había asignaturas que no solamente trataban de ideología, sino que también trataban de inculcar otro tipo de valores acerca de cómo se había de actuar.

Por una parte, estaba la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional. En global, esta asignatura era sectaria, sexista y propagandística. Los contenidos de la misma pueden consultarse en Internet. A mí personalmente me ha sorprendido un tema, de nombre "Lo antiespañol en la historia". Formación del Espíritu Nacional buscaba la exaltación de los valores golpistas, el aprendizaje de consignas y lemas de la dictadura, y también, modelar la conciencia colectiva en el aplauso a un régimen dictatorial.

Todas las asignaturas posteriores han venido a intentar modificar los estragos que esta asignatura había realizado en una parte del alumnado que se había visto sometida a ella. Cuando, en la campaña contra Educación para la Ciudadanía, a la que dediqué mi última entrada, nadie paraba, alguno se atrevió a comparar esa asignatura con la FEN, diciendo que se quería adoctrinar a los niños de la misma manera que se hacía durante el franquismo. El grueso de estas personas que protestaban ruidosamente contra esa asignatura seguramente buscaría otro tipo de adoctrinamiento, el que se daba en las escuelas durante la dictadura.

No es cuestión de detallar todos los intentos que ha habido desde las diferentes dictaduras de corte autoritario para condicionar a los alumnos a pensar de una determinada manera. Sin embargo, esto es especialmente cruel en la infancia, puesto que los niños son muchísimo más maleables y naturalmente no califican a niños como ellos como el enemigo. El éxito no fue rotundo, y en algunos casos hubo muestras de humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, se dieron casos de antiguos compañeros de colegio que protegieron a otros de la persecución.

En el otro extremo del termómetro político se encuentra Cuba. Desde que en 1959 el grupo comandado por el abogado Fidel Castro Ruz tomara el poder en la isla, tampoco se ha dejado al azar la educación de los alumnos cubanos. Existe un libro, llamado "Educación en revolución", que mostraba hasta qué punto debía llegar ese condicionamiento de la educación. En los primeros años, el castrismo no fue comunista, al menos no oficialmente. Sin embargo, a partir del momento en que Castro se lanzó a los brazos de la URSS, la educación cubana pasó a las manos de Moscú.

Muchos han querido ver paralelismos entre este tipo de educación y la que se estableció en Venezuela en 1999, cuando el recién fallecido Hugo Chávez alcanzó el poder. Efectivamente, se ha intentado ideologizar de una manera muy particular allí. El contenido tiene un indudable objetivo de adoctrinar a los alumnos, pero también es cierto que Cuba y Venezuela son dos de los únicos países del mundo que garantizan una educación gratuita y de calidad. No todo es como lo pintan.

Finalmente, existe un tercer modelo más "democrático". Se produce, por ejemplo, en Estados Unidos y en Francia. En los dos países, que actualmente viven en democracia, se enseña desde pequeños a los alumnos la identificación con los símbolos de ese país. Estados Unidos tiene, como se sabe, una organización territorial muy complicada, sin embargo, a los niños se les enseña cuál es su estado, su capital, su gobernador y hasta sus senadores.

En Francia, como dije en el anterior 'post', se estudia en Educación Cívica su complicada historia, y todo aquello que constituye el país. En definitiva, el patriotismo ha de venir de dentro, y no es una asignatura que se deba impartir en las clases. Se cae en el riesgo de manchar de ideología no deseada a los niños, que posteriormente pueden convertirse en adultos llenos de odios y prejuicios.

Los ejemplos corrigen mucho mejor que las reprimendas
Voltaire

miércoles, 24 de abril de 2013

Defender Educación para la Ciudadanía

El sentido economicista que se ha instalado en Europa y en particular en España desde el estallido de la crisis económica en el ya lejano 2008 ha hecho que se olviden tiempos en los que importaban otras cosas que la prima de riesgo, la subida de impuestos y el techo de gasto. Tiempos en los que en España se hablaba de derechos civiles, y de la conquista de auténticos hitos, como fue la aprobación de una batería de leyes, como la Ley de Dependencia o la Ley del Matrimonio Igualitario, promovidas por un Gobierno del que hoy todo el mundo reniega.

No es el objetivo de este post dar un 'speech' político, sino centrarme en los contenidos de una asignatura demasiadas veces puesta en la picota en los últimos años por los poderosos 'lobbies' que siguen queriendo controlarlo todo a pesar de que su tiempo de poder acabó con la democracia. Pero tal vez ahora sea el momento de enorgullecernos de que en España hubo un Gobierno progresista que hizo grandes cosas que hoy parecen haberse olvidado. El presidente era José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre injuriado hasta la saciedad en la pasada legislatura, pero gracias al cual fuimos un país pionero en algo: los derechos sociales que hoy se van adoptando poco a poco en Europa.

La educación fue uno de los puntos clave de aquella primera etapa. El PP y sus alas más conservadores defendían hacía tiempo que la asignatura de Religión no se eliminara, como una forma de seguir rindiendo pleitesía a la cúpula eclesiástica. Ni Zapatero ni ninguna de las dos ministras de aquella legislatura, María Jesús San Segundo y Mercedes Cabrera, se pegaron un tiro en el pie luchando encarnizadamente contra esa asignatura. En cambio, decidieron seguir pautas marcadas por Europa, tan respetada cuando es la enemiga de nuestros enemigos.

El Consejo de Europa hizo una resolución en 2002, esto es, 2 años antes de la victoria electoral del PSOE el 14 de marzo de 2004, en que promovía la creación de una Educación para la Ciudadanía como modo de fomentar una sociedad libre, justa y tolerante que defendiera los valores de pluralidad, derechos humanos y Estado de Derecho. El germen no es, por tanto, una conspiración judeomasónica y anticlerical, sino un proyecto europeo que ya se vio en otros países de Europa.

Una vez el proyecto se aprobó en el Congreso de los Diputados, empezó una cruzada del PP y de la Conferencia Episcopal contra esa asignatura. Hubo campañas que quisieron relacionar aquello con la supuesta ruptura de España que se estaba llevando a cabo desde Cataluña por la aprobación del famoso Estatut de 2006, otra falacia de la derecha, puesto que fue una mejora del estatuto ya existente, mejora necesaria dado el tiempo que había pasado entre un texto y otro. Se hablaba de adoctrinamiento ideológico, y cuando el PP llegó al poder, eliminó la asignatura, con un chascarrillo clásico del ministro Wert afirmando que la nueva asignatura no permitiría el adoctrinamiento.

Acerca del adoctrinamiento, resulta curioso que quien defienda que Educación para la Ciudadanía era un modo de inculcar ideologías sea la Iglesia, que con su asignatura de Religión pretende enseñar dogmas varios que no son malos, pero sorprende la situación. La única razón de la ignorante campaña compartida por las capas más recalcitrantes de nuestra sociedad es que la ley la había elaborado el PSOE. Daba igual la recomendación del Consejo Europeo. Ése era suficiente argumento.

Hablo de ignorante campaña porque en todo este tiempo ninguno de los críticos se preocupó por echarle un ojo a los libros y temarios de la asignatura. El temario completo puede consultarse en la web, pero en líneas generales, los temas tratan todos de la convivencia en sociedad, la aproximación a la diversidad, los derechos y deberes ciudadanos o los Estados de Derecho en el mundo. Es decir, la asignatura de Educación para la Ciudadanía ofrece una educación absolutamente básica y ajustada a las exigencias del momento.

Cuando, en la educación universitaria, hay alguna asignatura que enseña el funcionamiento de las estructuras y órganos constitucionales, sorprende el poco conocimiento que se tiene del texto fundamental español y de las estructuras de poder. Sería más fácil si, a partir de la ESO, a los alumnos les enseñaran lo que es el Congreso y el Senado, qué mayorías hacen falta para la moción de censura o para la cuestión de confianza o   qué es el derecho a veto. Porque éstos son elementos que influirán en sus vidas futuras, y está bien que se conozca lo antes posible.

Queda claro que el argumento del adoctrinamiento era solamente un eslogan repetido machaconamente para tratar de convencer a todo el mundo de que Zapatero 'himself' quería adoctrinar a los niños. Esto recuerda a una ofensiva de los 'lobbies' ultraconservadores que consiguieron la expulsión de profesores homosexuales del sistema educativo, porque decían que adoctrinaban a los niños. El activista gay Harvey Milk, objeto de una película protagonizada por Sean Penn, y posteriormente asesinado, sostenía que, si los niños imitaran a sus profesores, habría muchos más curas y monjas por el mundo. El argumento del adoctrinamiento era político, no educativo.

El rechazo a Educación para la Ciudadanía en España contrasta con la implantación que asignaturas similares tienen en el resto de los países. Por ejemplo, en la educación francesa, existe una asignatura llamada Educación Cívica que, desde que el niño es tal, muestra cuáles son los principales órganos de poder en el país galo, quiénes han sido los presidentes o cómo se estructura territorialmente hablando. Éste es todo el adoctrinamiento que hay.

En España, 'different' por naturaleza, parece que prefiramos niños ignorantes antes que niños "adoctrinados". Decía Alicia Delibes, sobrina de Miguel Delibes, esposa del jefe de gabinete de Esperanza Aguirre y viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, que "la izquierda pretende conducir la voluntad de los niños y moldear sus conciencias". De acuerdo. Pero no existe una alternativa real a ella.

Aún recuerdo con bochorno una conversación que escuché en el Metro hace unos años. Dos jóvenes estaban preparándose un examen de historia contemporánea de España, y parece ser que tocaban los presidentes del Gobierno. La conversación no tuvo desperdicio. -"El primero fue Adolfo no sé qué, con un partido que creo que se llamaba, ¿cómo se llamaba?" preguntaba uno. La otra respondió -"USD". También se refirieron a Felipe González como Felipe Álvarez. Me dieron ganas de levantarme y decirles cómo era.

Puede ser que sea un lugar común, pero resulta tan obvio que hay que repetirlo de forma machacona: la educación y la política nunca pueden ir juntas. Porque se puede acusar al otro de adoctrinar ideológicamente, y no permitir a los niños que aprendan cosas básicas como las que contenía Educación para la Ciudadanía, pero que quedarán en el limbo como tantas reformas progresistas en este país enterradas por el manto del neoliberalismo perpetuo.

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras

martes, 16 de abril de 2013

Las lenguas cooficiales no pueden ser un problema

Siendo como es este blog de temas educativos, muchas veces los temas no salen solos, y hay que forzarlos. Pero no es el caso de la entrada de esta semana, una entrada de rabiosa de actualidad, en la que tocaré varios meses en que este tema ha estado en la primera plana de los periódicos. Se podría decir que éste es el primer tema que me viene solo, así que espero aprovecharlo, porque además es un tema que controlo y del que creo que sé mucho

Pero lo primero es lo primero: la noticia. Esta semana, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ahondaba en el famoso tema de la inmersión lingüística, y volvió a avivar las llamas del problema catalán que se había comenzado a olvidar con el paso de los meses después del momento de crisis por el que pasó con la apuesta secesionista del presidente de la Generalitat Artur Mas. La sentencia en particular daba la razón a un padre que pedía educación en español para sus hijos, pero dictaminaba que, si un alumno quería ese tipo de educación, toda su clase debería ser educada en español.

Dicha decisión fue criticada por la consejería de Educación de la Generalitat, y supuso un golpe fuerte al polémico plan educativo que desde 2010 se ha lanzado desde Cataluña. La inmersión lingüística ha ido recibiendo palos por parte de diversos tribunales que han criticado este extremo y han instado al gobierno de la comunidad a cesar en ese tipo de actuación.

Pocos días después de que la sentencia se conociera, tres diputados de ERC en el Congreso de los Diputados, entre los que estaban el líder del grupo parlamentario, Alfred Bosch, y Joan Tardà, fueron expulsados del hemiciclo por el presidente del Congreso, Jesús Posada, tras hablar en catalán en su turno de palabra. Todos ellos mostraron su disconformidad con lo que se había producido, pues significa, según ellos, un abuso.

Lo cierto es que, en estos momentos, las reinvidicaciones lingüísticas están al orden del día. El hecho de que muchos nacionalismos justifiquen su postura hablando del "hecho diferencial", esto es, la lengua, algo que sociológicamente se propone como respuesta a los problemas. Acerca del uso de las lenguas vernáculas en sede parlamentaria, hubo una agria polémica cuando el gobierno socialista propuso una inversión en traductores simultáneos en el Senado. Un senador del PP, extremeño, realizó un alegato en contra defendiendo su derecho a hablar extremeño.

Yo particularmente no entiendo por qué en España nos hemos empeñado en convertir las lenguas cooficiales en un problema, y no hemos sido capaces de verlo como lo que realmente es, un medio para enriquecer nuestra cultura como país. Y ahí está el origen de todas las confrontaciones. Los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos utilizan sus lenguas propias para diferenciarse y mostrarse en confrontación con el resto de España. Éste es un problema, porque ellos mismos tienden a su propio aislamiento, sobre todo cuando el uso de esa lengua es por cuestiones políticas.

Además, en los últimos años, especialmente con el aumento del nacionalismo en las regiones españolas más sensibles, se ha puesto en práctica un modelo que habría de revisarse, como es la inmersión lingüística, que prima el aprendizaje de la lengua propia de cada comunidad, marginando el castellano y provocando que algunos padres tengan que tomar medidas parecidas a la que ha provocado la sentencia del TSJC. Los alumnos de esas regiones deben tener la posibilidad de aprovechar la riqueza de aprender dos lenguas, y sobre eso no debería haber duda.

Sin embargo, desde los órganos del Estado, se ha promovido una cierta caza a la lengua vernácula, precisamente por ser un elemento diferenciador. Cuando en 2010 el Constitucional falló por fin sobre el Estatut de Cataluña, quiso regular la aplicación de las lenguas. Ante esto, hubo enormes problemas, manifestaciones y un sentimiento de profunda indignación porque el Estado quisiera regular un aspecto de la vida privada como éste.

Lo cierto es que en este asunto hay que ponerles deberes a las dos partes. A las comunidades autónomas, que no utilicen las lenguas propias como un arma arrojadiza ni política, y que negocien con el Estado los planes lingüísticos para evitar la discriminación.

Al Estado, que de una vez reforme la Constitución para que la educación sea materia exclusiva de Ley Orgánica, que no contribuya al odio a las regiones con ese tipo de riqueza cultural por el mero hecho de ser diferentes, y que trabaje por un entendimiento de las partes, y para que de una vez entendamos esto como una fortaleza cultural que nos debe enorgullecer a todos como país.

Los ciudadanos también tenemos que trabajar en esto, enfocándonos en la concordia y en la solidaridad, e intentando rehacer puentes. La lucha antinacionalista ha provocado que sobre todo muchos jóvenes hayan desarrollado un peligroso odio por algunas partes de nuestro país. Contra eso también hay que luchar, siendo un país plural y plurinacional.

El nacionalismo es nuestra forma de incesto, es nuestra idolatría, es nuestra locura. El "patriotismo" es su culto
Erich Fromm

domingo, 7 de abril de 2013

La necesidad del laicismo en la educación global

Después de varios días fuera de juego por las vacaciones de Semana Santa, y las pos - vacaciones de Semana Santa, ya estoy aquí para meter, en la medida de mis posibilidades y siempre desde el respeto, el dedo en la llaga de los problemas y ángulos ciegos de la educación en general, que tanto en España como en el resto del mundo abundan, por qué negarlo.

Uno de esos asuntos que no pasan de moda y que no ha habido valentía aún de abarcar en su inmensidad es el de las confesiones religiosas en la educación. No voy a meterme, por lo menos no en esta entrada, con aquellos países que son absolutamente confesionales, como los musulmanes, que educan a sus niños según la ley de Dios, la llamada 'sharía', o los judíos, que dan un tipo u otro de educación dependiendo de su grado de ortodoxia. No voy a hacerlo porque en cierto modo en estos países una educación confesional, con los criterios que inundan la sociedad de ese país, es coherente con sus leyes fundamentales y con cómo se rigen esos entornos sociales.

Sin embargo, es mucho menos defendible, coherente y explicable que en países que han renunciado formalmente a sus confesiones, por imperativo constitucional y legal, como es el caso de nuestro país, se siga avalando por parte de las subvenciones estatales que pagamos todos la educación con el punto de religiosidad y confesionalidad.

Y es curioso que son precisamente los miembros de ese tipo de docencia los que claman contra cualquier progreso en la educación de todos, como fue el conocido caso de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que, siempre según los religiosos y sus aliados mediáticos, era una asignatura con la que Zapatero pretendía adoctrinar a muchísimos niños, y que realmente no era así. Es más posible un adoctrinamiento educativo y al fin y al cabo ideológico desde la educación confesional que desde la laica.

Cierto es que la Constitución Española de 1978, que quedó incompleta en muchos sentidos, algo que es perfectamente comprensible dada la complejidad política del momento en que se hizo, dejó la situación poco clara. Era muy dificil, por no decir absolutamente imposible, que se pasara del nacionalcatolicismo a un sistema en el que se respetara la conciencia de cada uno, pero sin embargo, creo firmemente que con los años habría que haber dado pasos a un laicismo fáctico y real, y haber permitido realmente la convivencia de catolicismo, islamismo y judaísmo. Pero en España somos así.

Estamos viviendo en un país en que se permite la financiación pública de la educación diferenciada, algo prohibido en el resto de los países, y en que se permite también la escolarización en centros del Opus Dei, una rama ultraconservadora del catolicismo que promueve elementos "curiosos", como poco, pero en el que se ha eliminado Educación para la Ciudadanía, que es realmente una asignatura que, primeramente, es la copia de asignaturas que ya existen en toda Europa, y que trata de enseñar, sencilla y llanamente, conceptos realmente útiles tales como el funcionamiento de los estados o el respeto a la diversidad. ¿Será que esto no interesa?

En España, es necesaria una educación pública, gratuita y laica, al modo en que se hace en Francia. La educación francesa es desde luego el modelo que habría que tomar como ejemplo no ya en España, sino en toda Europa. El que lo hizo posible fue un político galo, Jules Ferry, quien hizo posible una enseñanza basada en lo público y en lo laico enfrentándose a los poderes religiosos. Claro que en Francia el laicismo es uno de los elementos básicos del republicanismo que forma parte, vertebra e integra el país vecino, y que tal vez habría que empezar a pensar en traer a España.

Por tanto, habría que cambiar muchas cosas en la educación. La primera cosa que entiendo que habría que cambiar es el artículo 16 de la Constitución Española que establece que ninguna confesión tendrá un carácter estatal, y hablar directamente de laicismo. También habría que reformar las partes del articulado que hablen de educación, para, por una parte, garantizar la educación pública, gratuita y laica, y por otra, prohibir la segregación en las clases, que tanto daño hace.

Sin embargo, por encima de todo, la clave es el respeto y la tolerancia. Recuerdo que una de las materias que yo estudié de niño, que era bastante peculiar, se llamaba Historia de las Religiones, y en ella se estudiaban todas las confesiones, con sus particularidades, tradiciones, ritos, de forma que todos los que pudimos estudiarla tuvimos una formación y un conocimiento extraordinario acerca de la realidad de las religiones, lo cual, al menos en mi caso, permitió una amplitud de pensamiento realmente interesante y útil.

España es un país de tradición católica, lógicamente. Es un país en el que los católicos son mayoritarios, y en la que la base social tiene esa proyección. Sin embargo, igual que los que somos laicos respetamos el catolicismo real, sería necesario que se respetaran las demás confesiones, aunque esto solamente podría hacerse con una ley integral para que se respeten todas las confesiones, y también en la educación, que es al fin y al cabo lo que nos atañe.

La educación es al alma lo que la escultura es a un bloque de mármol
  Joseph Addison

viernes, 22 de marzo de 2013

Oh, capitán, mi capitán: cine y educación

Una de las principales virtudes de la educación es que se puede juntar a cualquier cosa, es decir, se puede hablar de cualquier cosa en relación con ella. Esto lo ha sabido mucha gente, pero no ha sido asumido con toda la responsabilidad del mundo. El cine es una de esas disciplinas que hay que saber adecuar a las necesidades de la educación, es una de esos elementos que hay que conseguir modelar de tal manera que influya positivamente en la ciudadanía.

La educación no se refiere únicamente a los años de colegio y universidad, es una tarea de toda la vida. Algunos dichos tradicionales como "No te acostarás sin saber algo nuevo" demuestra que hay algunos aspectos que solamente se pueden aprender con un cierto 'background' intelectual previo. Hay muchas maneras de saberlo, sin embargo, el cine es uno de los métodos más efectivos para aprender algo, porque muchas veces se nos queda pegado al cerebro.

Llegado a este punto, es necesario hacer una cierta dicotomía entre el cine sobre educación y el cine que educa. El cine sobre educación es aquel que muestra el funcionamiento de una clase. Existen numerosas películas al respecto, algunas muy célebres. Una de las más conocidas es "El club de los poetas muertos", de Peter Weir, y protagonizada por Robin Williams. En "El club de los poetas muertos", el profesor Keating inserta en sus alumnos la pasión por la poesía.

Los alumnos, protagonizados por actores poco conocidos en aquel momento, uno de ellos Ethan Hawke, empiezan a reunirse bajo el nombre de Club de los Poetas Muertos para leer algunas obras. La película es apasionante, y muy bonita. Deja poso entre los que la ven. Su escena más famosa ocurre al final de la película, cuando por una serie de cosas que no quiero revelar, porque hay que ver la película, el profesor Keating es despedido, y como muestra de lealtad, los alumnos hacen lo que se puede ver en el vídeo bajo estas líneas.

El poema "O' Captain, my Captain" es del célebre poeta Walt Whitman

Tras la película citada, que supuso toda una convulsión en el cine, era muy difícil hacer películas sobre educación sin que se comparara con "El club de los poetas muertos". Sin embargo, y recientemente, desde Francia han venido una serie de películas realmente interesantes, y que ponen el acento en el tipo de educación que se da en ese país, que es especialmente sensible, por la diversidad que existe allí, pero que se consigue. En este sentido, hay una película del año 2008, dirigida por Laurent Cantet, llamada "Entre les murs", aunque llegó a España como "La clase". Tuvo mucho éxito de crítica, y esto es comprensible.

"La clase" aborda la forma que unos profesores son capaces de dar clase a cursos muy heterogéneos, con alumnos que provienen de Argelia, Marruecos, Turquía y otros orígenes. Muestra los problemas de las llamadas 'banlieues', los barrios de periferia en que la gente con menos recursos vive en Francia, y en la que se produjo un estallido en 2003 avivado por la ineptitud y extremismo del entonces ministro del Interior, que no era otro que Nicolas Sarkozy. La cinta tuvo mucho éxito, no en vano obtuvo la Palma de Oro en el prestigioso festival de Cannes en 2008.

Trailer de "La clase" en español

De Francia también proviene otra de las películas que me gustaría señalar en estas líneas, más reciente, dirigida por François Ozon, y ganadora de la pasada Concha de Oro del festival de San Sebastián: "En la casa". La película está protagonizada por un actor relativamente conocido en territorio galo, protagonista de cintas como "Potiche" y "Las mujeres del sexto piso", Fabrice Luchini, y presenta a un profesor de Literatura al que llama la atención un misterioso estudiante que se suele sentar en la última fila de su clase, pero que escribe sorprendentemente bien.

La película cuenta también con la presencia de Émmanuelle Seigner, la actual esposa de Roman Polanski. La trama comienza a enredarse a cuenta del extraño comportamiento del joven, el actor francés Ernst Umhauer, y finaliza de una forma un tanto extraña con un final abierto. La presencia de la educación en "En la casa" es bastante menor que en las otras películas que he analizado anteriormente, pero está presente, lógicamente.

La actriz británica Kristin Scott- Thomas hace un papel en esta película

Uno de los puntos en común de las tres películas expuestas es que los tres protagonistas son profesores de Literatura, como si no pudiera enseñarse de otra manera. Pese a eso, las tres son películas que hay que ver, yo las recomiendo, porque me parecen sobresalientes. Cada una se enfoca de una manera particular, sin embargo, las tres pueden cubrir necesidades diferentes, por ello entiendo que son poderosamente necesarias para cualquier persona que quiera hacerse una idea de cuáles son las diferentes formas de enfocar la educación según las exigencias.

Estados Unidos, la meca del cine, está especializada en películas que podrían llamarse 'high school movies', es decir, películas basadas en los "rollos" que pasan en un instituto cualquiera del país. El mayor exponente de este tipo de cine es la saga de películas "American Pie", películas llenas de escatologías, pero con un gran éxito de audiencia cada vez que se hace una película de ese tipo. "El club de los poetas muertos" es una película estadounidense, por tanto, habría que pensar en volver a hacer películas que marquen una época.

He mencionado un segundo tipo de películas: el cine que busca educar, que busca transmitir una serie de valores. A la cabeza me viene una película muy concreta, una de las mejores películas que a mi juicio se han hecho en el cine: "Matar a un ruiseñor", de 1962. Dirigida por Robert Mulligan, y protagonizada por Gregory Peck, la película está hecha en un momento en que la desegregación se estaba planteando.

En ella, un abogado de pueblo del Sur profundo, Atticus Finch, recibe el encargo de defender a un hombre de color tras ser acusado de violar a una muchacha del pueblo. La mayor parte de los hombres piden un castigo ejemplar, mientras que Atticus defiende la falsedad de las acusaciones, y que el proceso se ha hecho por el racismo reinante. La personalidad de Atticus Finch se ha reivindicado posteriormente como uno de los héroes del cine.

Un vídeo con las mejores frases de Atticus Finch

Como resumen y punto final de esta entrada, me gustaría señalar que el cine debería ser uno de esos elementos que esté al servicio de la ciudadanía para mostrar, como en estas cuatro cintas de las que he hablado, y poner el acento, en algunos puntos de vista. Porque el cine es indeleble.

No se puede enseñar a un hombre; sólo se le puede ayudar a encontrar la respuesta dentro de sí mismo
Galileo Galilei

martes, 12 de marzo de 2013

Somos moneda de cambio

Esta mañana, he mantenido una agradable conversación con una de mis profesoras del colegio, a la que he entrevistado para un proyecto. El tema sobre el que ha versado la breve entrevista y la conversación posterior ha sido, por supuesto, la educación. Si uno quiere enterarse de cuál es la realidad de la educación, y cuál es la perspectiva de futuro, no hay forma mejor de saberlo que acercarse a cualquiera de los centros educativos que tenemos en España y que no deben desaparecer pase lo que pase. De la charla que hemos mantenido, saco muchísimas consecuencias y lecturas, pero la que más me ha llamado la atención es la idea de la educación como moneda de cambio, como forma de tirarse los trastos a la cabeza por parte de políticos a los cuales no preocupa tanto cuál es la medida más positiva para la educación, sino cuál es la doctrina política que quieren incluir.

Es evidente que el estado de envilecimiento de la educación tradicional, esto es, la escuela pública, se debe a muchísimos factores. Sin embargo, el desprecio con que los políticos en general tratan a la educación es uno de los motivos más impactantes que hay en estos momentos. Y esto es un problema bastante evidente, puesto que son ellos los que hacen las leyes, y son ellos los que deciden el destino educativo de toda una generación de estudiantes. El hecho de que cada generación de estudiantes toque a una o a incluso dos leyes de educación "definitivas" según sus autores nos debería hacer pensar, y ante todo nos debería escandalizar.

Especialmente curioso, y escandaloso, es el caso del actual ministro, José Ignacio Wert, el miembro menos valorado del Gobierno de Mariano Rajoy. No es para menos. En un año de gestión, prácticamente no ha habido fregado en el que el sociólogo reconvertido en ministro no estuviera metido. Aún colean sus palabras en sede parlamentaria, en una sesión de control, en las que afirmó que -"nuestro objetivo es españolizar a los alumnos catalanes, para que se sientan tan orgullosos de ser españoles como de ser catalanes". Esas declaraciones se hicieron en pleno auge del independentismo en Cataluña, tras la manifestación de la Diada, cuyas consecuencias son aún impredecibles. Como poco, su gestión se puede calificar de "desatinada".

Y lo cierto es que ha hecho honor a lo que parece tradición no escrita entre los que asumen el liderazgo del ministerio de Educación. Se ha cargado la ley anterior, aprobada por el PSOE, y ha comenzado otra, en que da una vuelta de tuerca más a la maltrecha educación española. Entre las medidas que contempla esta nueva ley de educación, se encuentra la posibilidad de financiar con dinero público escuelas concertadas para que los alumnos catalanes que deseen ser educados en castellano puedan hacerlo, y además financiar también las escuelas que siguen discriminando por sexo, o la eliminación de la actual PAU, para acto seguido sacar del armario y quitar el polvo a la antigua reválida, que vuelve a asumirse para el final de los ciclos educativos, eliminándose la idea de la Selectividad que se ha mantenido tras sucesivas reformas, y que ahora Wert ha borrado de la nueva reforma.

Más allá del hecho de que la permanencia de este ministro sea, a mi modo de entender, insoportable, lo cierto es que no ha existido hasta la fecha ninguna reforma que se antojara como definitiva. La inclusión de la famosa y polémica Educación para la Ciudadanía, criticada hasta la saciedad por el PP y la Conferencia Episcopal, en aquellos tiempos en que aún no había crisis económica, se boicoteó desde un principio, y se llegó a afirmar, erróneamente, que se trataba de una forma de adoctrinar políticamente, cuando simplemente se intentaba emular asignaturas similares que existían en el resto de Europa, por ejemplo en Francia, donde se llama Educación Cívica.

Es cierto que los tres últimos ministros antes de Wert, María Jesús San Segundo, Mercedes Cabrera y Ángel Gabilondo eran profesores, pero también es cierto que no hicieron leyes definitivas. Lo que parece evidente es que de una buena vez se debería alcanzar un gran acuerdo nacional en la materia educativa, algo que curiosamente todo el mundo parece saber hacer. Todos hemos escuchado las llamadas de unos y otros, casi siempre cuando están en la oposición, a un gran pacto nacional para la educación. Y esto es necesario, pero no sin antes realizar profundas renovaciones legales que permitan este extremo.

La primera debe ser reformar el artículo 149 de la Constitución Española, que regula las materias de competencia exclusiva del Estado e incluir en esa lista la educación, impidiendo así que cada comunidad tenga su propia ley de educación y evitando también las duplicidades que se producen en la administración. Tiene que existir una única ley de educación. Esto no supone un espaldarazo al centralismo, sino una bocanada de aire para la viabilidad del actual sistema de educación.

Lo siguiente que se tendría que reformar serían las mayorías necesarias para la aprobación de una Ley Orgánica de educación. Las mayorías necesitan ser más amplias, puesto que es relativamente fácil alcanzar la mayoría absoluta, lo cual permite al partido en el Gobierno hacer y deshacer a su antojo. Las leyes de educación deben aprobarse con una mayoría cualificada, esto es, de dos tercios de ambas Cámaras, puesto que es una materia lo suficientemente sensible y crucial como para que se logre una mayoría amplia y que requiera, como en este caso, el acuerdo de la mayor parte de grupos políticos.

Sería aconsejable realizar una comisión de sabios que elaboraran una ley que consiguiera perdurar a pesar de los cambios políticos y a pesar de las contingencias externas. Es necesaria una ley de educación que respete el principio básico de educación pública, puesto que es un elemento constitutivo básico de cualquier estado. La educación, al igual que la sanidad, debe dejar de ser una moneda de cambio entre unos y otros, y debe tomarse en su contexto como una pieza básica del engranaje de la vida de los ciudadanos de todo el mundo, a los que nos une una educación diferente pero centrada en el mismo ideal de aprender y enseñar.

La educación es la menos cara de las defensas de un país
Edmund Burke