Uno de esos asuntos que no pasan de moda y que no ha habido valentía aún de abarcar en su inmensidad es el de las confesiones religiosas en la educación. No voy a meterme, por lo menos no en esta entrada, con aquellos países que son absolutamente confesionales, como los musulmanes, que educan a sus niños según la ley de Dios, la llamada 'sharía', o los judíos, que dan un tipo u otro de educación dependiendo de su grado de ortodoxia. No voy a hacerlo porque en cierto modo en estos países una educación confesional, con los criterios que inundan la sociedad de ese país, es coherente con sus leyes fundamentales y con cómo se rigen esos entornos sociales.
Sin embargo, es mucho menos defendible, coherente y explicable que en países que han renunciado formalmente a sus confesiones, por imperativo constitucional y legal, como es el caso de nuestro país, se siga avalando por parte de las subvenciones estatales que pagamos todos la educación con el punto de religiosidad y confesionalidad.
Y es curioso que son precisamente los miembros de ese tipo de docencia los que claman contra cualquier progreso en la educación de todos, como fue el conocido caso de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que, siempre según los religiosos y sus aliados mediáticos, era una asignatura con la que Zapatero pretendía adoctrinar a muchísimos niños, y que realmente no era así. Es más posible un adoctrinamiento educativo y al fin y al cabo ideológico desde la educación confesional que desde la laica.
Cierto es que la Constitución Española de 1978, que quedó incompleta en muchos sentidos, algo que es perfectamente comprensible dada la complejidad política del momento en que se hizo, dejó la situación poco clara. Era muy dificil, por no decir absolutamente imposible, que se pasara del nacionalcatolicismo a un sistema en el que se respetara la conciencia de cada uno, pero sin embargo, creo firmemente que con los años habría que haber dado pasos a un laicismo fáctico y real, y haber permitido realmente la convivencia de catolicismo, islamismo y judaísmo. Pero en España somos así.
Estamos viviendo en un país en que se permite la financiación pública de la educación diferenciada, algo prohibido en el resto de los países, y en que se permite también la escolarización en centros del Opus Dei, una rama ultraconservadora del catolicismo que promueve elementos "curiosos", como poco, pero en el que se ha eliminado Educación para la Ciudadanía, que es realmente una asignatura que, primeramente, es la copia de asignaturas que ya existen en toda Europa, y que trata de enseñar, sencilla y llanamente, conceptos realmente útiles tales como el funcionamiento de los estados o el respeto a la diversidad. ¿Será que esto no interesa?
En España, es necesaria una educación pública, gratuita y laica, al modo en que se hace en Francia. La educación francesa es desde luego el modelo que habría que tomar como ejemplo no ya en España, sino en toda Europa. El que lo hizo posible fue un político galo, Jules Ferry, quien hizo posible una enseñanza basada en lo público y en lo laico enfrentándose a los poderes religiosos. Claro que en Francia el laicismo es uno de los elementos básicos del republicanismo que forma parte, vertebra e integra el país vecino, y que tal vez habría que empezar a pensar en traer a España.
Por tanto, habría que cambiar muchas cosas en la educación. La primera cosa que entiendo que habría que cambiar es el artículo 16 de la Constitución Española que establece que ninguna confesión tendrá un carácter estatal, y hablar directamente de laicismo. También habría que reformar las partes del articulado que hablen de educación, para, por una parte, garantizar la educación pública, gratuita y laica, y por otra, prohibir la segregación en las clases, que tanto daño hace.
Sin embargo, por encima de todo, la clave es el respeto y la tolerancia. Recuerdo que una de las materias que yo estudié de niño, que era bastante peculiar, se llamaba Historia de las Religiones, y en ella se estudiaban todas las confesiones, con sus particularidades, tradiciones, ritos, de forma que todos los que pudimos estudiarla tuvimos una formación y un conocimiento extraordinario acerca de la realidad de las religiones, lo cual, al menos en mi caso, permitió una amplitud de pensamiento realmente interesante y útil.
España es un país de tradición católica, lógicamente. Es un país en el que los católicos son mayoritarios, y en la que la base social tiene esa proyección. Sin embargo, igual que los que somos laicos respetamos el catolicismo real, sería necesario que se respetaran las demás confesiones, aunque esto solamente podría hacerse con una ley integral para que se respeten todas las confesiones, y también en la educación, que es al fin y al cabo lo que nos atañe.
La educación es al alma lo que la escultura es a un bloque de mármol
Joseph Addison
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