martes, 30 de abril de 2013

El patriotismo y la educación, un matrimonio no muy bien avenido

Si algo he querido dejar claro a lo largo del transcurso de este blog, ha sido que la política muchas veces, demasiadas, entra en el campo de acción de la educación, y provoca numerosos problemas. Sin embargo, nadie pierde la oportunidad de lanzarse a ello. Uno de los métodos que más se siguen, sea el país que sea, es el de intentar crear "conciencia nacional" en los alumnos desde pequeños, es decir, intentar formarles en unos principios muy sencillos que siempre han de seguir.

Las dictaduras y regímenes autoritarios comprendieron desde un principio que si se quería calar en un pueblo, tenían mucha más fuerza las clases que las armas. Por ello, es un patrón común visible en todos esos regímenes los planes de educación al respecto. Existen tres modelos diferentes de este tipo de condicionamiento.

El primero fue el de los regímenes dictatoriales de derechas. El mayor ejemplo se encuentra en nuestro país. En España, durante el franquismo, había asignaturas que no solamente trataban de ideología, sino que también trataban de inculcar otro tipo de valores acerca de cómo se había de actuar.

Por una parte, estaba la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional. En global, esta asignatura era sectaria, sexista y propagandística. Los contenidos de la misma pueden consultarse en Internet. A mí personalmente me ha sorprendido un tema, de nombre "Lo antiespañol en la historia". Formación del Espíritu Nacional buscaba la exaltación de los valores golpistas, el aprendizaje de consignas y lemas de la dictadura, y también, modelar la conciencia colectiva en el aplauso a un régimen dictatorial.

Todas las asignaturas posteriores han venido a intentar modificar los estragos que esta asignatura había realizado en una parte del alumnado que se había visto sometida a ella. Cuando, en la campaña contra Educación para la Ciudadanía, a la que dediqué mi última entrada, nadie paraba, alguno se atrevió a comparar esa asignatura con la FEN, diciendo que se quería adoctrinar a los niños de la misma manera que se hacía durante el franquismo. El grueso de estas personas que protestaban ruidosamente contra esa asignatura seguramente buscaría otro tipo de adoctrinamiento, el que se daba en las escuelas durante la dictadura.

No es cuestión de detallar todos los intentos que ha habido desde las diferentes dictaduras de corte autoritario para condicionar a los alumnos a pensar de una determinada manera. Sin embargo, esto es especialmente cruel en la infancia, puesto que los niños son muchísimo más maleables y naturalmente no califican a niños como ellos como el enemigo. El éxito no fue rotundo, y en algunos casos hubo muestras de humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, se dieron casos de antiguos compañeros de colegio que protegieron a otros de la persecución.

En el otro extremo del termómetro político se encuentra Cuba. Desde que en 1959 el grupo comandado por el abogado Fidel Castro Ruz tomara el poder en la isla, tampoco se ha dejado al azar la educación de los alumnos cubanos. Existe un libro, llamado "Educación en revolución", que mostraba hasta qué punto debía llegar ese condicionamiento de la educación. En los primeros años, el castrismo no fue comunista, al menos no oficialmente. Sin embargo, a partir del momento en que Castro se lanzó a los brazos de la URSS, la educación cubana pasó a las manos de Moscú.

Muchos han querido ver paralelismos entre este tipo de educación y la que se estableció en Venezuela en 1999, cuando el recién fallecido Hugo Chávez alcanzó el poder. Efectivamente, se ha intentado ideologizar de una manera muy particular allí. El contenido tiene un indudable objetivo de adoctrinar a los alumnos, pero también es cierto que Cuba y Venezuela son dos de los únicos países del mundo que garantizan una educación gratuita y de calidad. No todo es como lo pintan.

Finalmente, existe un tercer modelo más "democrático". Se produce, por ejemplo, en Estados Unidos y en Francia. En los dos países, que actualmente viven en democracia, se enseña desde pequeños a los alumnos la identificación con los símbolos de ese país. Estados Unidos tiene, como se sabe, una organización territorial muy complicada, sin embargo, a los niños se les enseña cuál es su estado, su capital, su gobernador y hasta sus senadores.

En Francia, como dije en el anterior 'post', se estudia en Educación Cívica su complicada historia, y todo aquello que constituye el país. En definitiva, el patriotismo ha de venir de dentro, y no es una asignatura que se deba impartir en las clases. Se cae en el riesgo de manchar de ideología no deseada a los niños, que posteriormente pueden convertirse en adultos llenos de odios y prejuicios.

Los ejemplos corrigen mucho mejor que las reprimendas
Voltaire

miércoles, 24 de abril de 2013

Defender Educación para la Ciudadanía

El sentido economicista que se ha instalado en Europa y en particular en España desde el estallido de la crisis económica en el ya lejano 2008 ha hecho que se olviden tiempos en los que importaban otras cosas que la prima de riesgo, la subida de impuestos y el techo de gasto. Tiempos en los que en España se hablaba de derechos civiles, y de la conquista de auténticos hitos, como fue la aprobación de una batería de leyes, como la Ley de Dependencia o la Ley del Matrimonio Igualitario, promovidas por un Gobierno del que hoy todo el mundo reniega.

No es el objetivo de este post dar un 'speech' político, sino centrarme en los contenidos de una asignatura demasiadas veces puesta en la picota en los últimos años por los poderosos 'lobbies' que siguen queriendo controlarlo todo a pesar de que su tiempo de poder acabó con la democracia. Pero tal vez ahora sea el momento de enorgullecernos de que en España hubo un Gobierno progresista que hizo grandes cosas que hoy parecen haberse olvidado. El presidente era José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre injuriado hasta la saciedad en la pasada legislatura, pero gracias al cual fuimos un país pionero en algo: los derechos sociales que hoy se van adoptando poco a poco en Europa.

La educación fue uno de los puntos clave de aquella primera etapa. El PP y sus alas más conservadores defendían hacía tiempo que la asignatura de Religión no se eliminara, como una forma de seguir rindiendo pleitesía a la cúpula eclesiástica. Ni Zapatero ni ninguna de las dos ministras de aquella legislatura, María Jesús San Segundo y Mercedes Cabrera, se pegaron un tiro en el pie luchando encarnizadamente contra esa asignatura. En cambio, decidieron seguir pautas marcadas por Europa, tan respetada cuando es la enemiga de nuestros enemigos.

El Consejo de Europa hizo una resolución en 2002, esto es, 2 años antes de la victoria electoral del PSOE el 14 de marzo de 2004, en que promovía la creación de una Educación para la Ciudadanía como modo de fomentar una sociedad libre, justa y tolerante que defendiera los valores de pluralidad, derechos humanos y Estado de Derecho. El germen no es, por tanto, una conspiración judeomasónica y anticlerical, sino un proyecto europeo que ya se vio en otros países de Europa.

Una vez el proyecto se aprobó en el Congreso de los Diputados, empezó una cruzada del PP y de la Conferencia Episcopal contra esa asignatura. Hubo campañas que quisieron relacionar aquello con la supuesta ruptura de España que se estaba llevando a cabo desde Cataluña por la aprobación del famoso Estatut de 2006, otra falacia de la derecha, puesto que fue una mejora del estatuto ya existente, mejora necesaria dado el tiempo que había pasado entre un texto y otro. Se hablaba de adoctrinamiento ideológico, y cuando el PP llegó al poder, eliminó la asignatura, con un chascarrillo clásico del ministro Wert afirmando que la nueva asignatura no permitiría el adoctrinamiento.

Acerca del adoctrinamiento, resulta curioso que quien defienda que Educación para la Ciudadanía era un modo de inculcar ideologías sea la Iglesia, que con su asignatura de Religión pretende enseñar dogmas varios que no son malos, pero sorprende la situación. La única razón de la ignorante campaña compartida por las capas más recalcitrantes de nuestra sociedad es que la ley la había elaborado el PSOE. Daba igual la recomendación del Consejo Europeo. Ése era suficiente argumento.

Hablo de ignorante campaña porque en todo este tiempo ninguno de los críticos se preocupó por echarle un ojo a los libros y temarios de la asignatura. El temario completo puede consultarse en la web, pero en líneas generales, los temas tratan todos de la convivencia en sociedad, la aproximación a la diversidad, los derechos y deberes ciudadanos o los Estados de Derecho en el mundo. Es decir, la asignatura de Educación para la Ciudadanía ofrece una educación absolutamente básica y ajustada a las exigencias del momento.

Cuando, en la educación universitaria, hay alguna asignatura que enseña el funcionamiento de las estructuras y órganos constitucionales, sorprende el poco conocimiento que se tiene del texto fundamental español y de las estructuras de poder. Sería más fácil si, a partir de la ESO, a los alumnos les enseñaran lo que es el Congreso y el Senado, qué mayorías hacen falta para la moción de censura o para la cuestión de confianza o   qué es el derecho a veto. Porque éstos son elementos que influirán en sus vidas futuras, y está bien que se conozca lo antes posible.

Queda claro que el argumento del adoctrinamiento era solamente un eslogan repetido machaconamente para tratar de convencer a todo el mundo de que Zapatero 'himself' quería adoctrinar a los niños. Esto recuerda a una ofensiva de los 'lobbies' ultraconservadores que consiguieron la expulsión de profesores homosexuales del sistema educativo, porque decían que adoctrinaban a los niños. El activista gay Harvey Milk, objeto de una película protagonizada por Sean Penn, y posteriormente asesinado, sostenía que, si los niños imitaran a sus profesores, habría muchos más curas y monjas por el mundo. El argumento del adoctrinamiento era político, no educativo.

El rechazo a Educación para la Ciudadanía en España contrasta con la implantación que asignaturas similares tienen en el resto de los países. Por ejemplo, en la educación francesa, existe una asignatura llamada Educación Cívica que, desde que el niño es tal, muestra cuáles son los principales órganos de poder en el país galo, quiénes han sido los presidentes o cómo se estructura territorialmente hablando. Éste es todo el adoctrinamiento que hay.

En España, 'different' por naturaleza, parece que prefiramos niños ignorantes antes que niños "adoctrinados". Decía Alicia Delibes, sobrina de Miguel Delibes, esposa del jefe de gabinete de Esperanza Aguirre y viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, que "la izquierda pretende conducir la voluntad de los niños y moldear sus conciencias". De acuerdo. Pero no existe una alternativa real a ella.

Aún recuerdo con bochorno una conversación que escuché en el Metro hace unos años. Dos jóvenes estaban preparándose un examen de historia contemporánea de España, y parece ser que tocaban los presidentes del Gobierno. La conversación no tuvo desperdicio. -"El primero fue Adolfo no sé qué, con un partido que creo que se llamaba, ¿cómo se llamaba?" preguntaba uno. La otra respondió -"USD". También se refirieron a Felipe González como Felipe Álvarez. Me dieron ganas de levantarme y decirles cómo era.

Puede ser que sea un lugar común, pero resulta tan obvio que hay que repetirlo de forma machacona: la educación y la política nunca pueden ir juntas. Porque se puede acusar al otro de adoctrinar ideológicamente, y no permitir a los niños que aprendan cosas básicas como las que contenía Educación para la Ciudadanía, pero que quedarán en el limbo como tantas reformas progresistas en este país enterradas por el manto del neoliberalismo perpetuo.

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras

martes, 16 de abril de 2013

Las lenguas cooficiales no pueden ser un problema

Siendo como es este blog de temas educativos, muchas veces los temas no salen solos, y hay que forzarlos. Pero no es el caso de la entrada de esta semana, una entrada de rabiosa de actualidad, en la que tocaré varios meses en que este tema ha estado en la primera plana de los periódicos. Se podría decir que éste es el primer tema que me viene solo, así que espero aprovecharlo, porque además es un tema que controlo y del que creo que sé mucho

Pero lo primero es lo primero: la noticia. Esta semana, una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña ahondaba en el famoso tema de la inmersión lingüística, y volvió a avivar las llamas del problema catalán que se había comenzado a olvidar con el paso de los meses después del momento de crisis por el que pasó con la apuesta secesionista del presidente de la Generalitat Artur Mas. La sentencia en particular daba la razón a un padre que pedía educación en español para sus hijos, pero dictaminaba que, si un alumno quería ese tipo de educación, toda su clase debería ser educada en español.

Dicha decisión fue criticada por la consejería de Educación de la Generalitat, y supuso un golpe fuerte al polémico plan educativo que desde 2010 se ha lanzado desde Cataluña. La inmersión lingüística ha ido recibiendo palos por parte de diversos tribunales que han criticado este extremo y han instado al gobierno de la comunidad a cesar en ese tipo de actuación.

Pocos días después de que la sentencia se conociera, tres diputados de ERC en el Congreso de los Diputados, entre los que estaban el líder del grupo parlamentario, Alfred Bosch, y Joan Tardà, fueron expulsados del hemiciclo por el presidente del Congreso, Jesús Posada, tras hablar en catalán en su turno de palabra. Todos ellos mostraron su disconformidad con lo que se había producido, pues significa, según ellos, un abuso.

Lo cierto es que, en estos momentos, las reinvidicaciones lingüísticas están al orden del día. El hecho de que muchos nacionalismos justifiquen su postura hablando del "hecho diferencial", esto es, la lengua, algo que sociológicamente se propone como respuesta a los problemas. Acerca del uso de las lenguas vernáculas en sede parlamentaria, hubo una agria polémica cuando el gobierno socialista propuso una inversión en traductores simultáneos en el Senado. Un senador del PP, extremeño, realizó un alegato en contra defendiendo su derecho a hablar extremeño.

Yo particularmente no entiendo por qué en España nos hemos empeñado en convertir las lenguas cooficiales en un problema, y no hemos sido capaces de verlo como lo que realmente es, un medio para enriquecer nuestra cultura como país. Y ahí está el origen de todas las confrontaciones. Los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos utilizan sus lenguas propias para diferenciarse y mostrarse en confrontación con el resto de España. Éste es un problema, porque ellos mismos tienden a su propio aislamiento, sobre todo cuando el uso de esa lengua es por cuestiones políticas.

Además, en los últimos años, especialmente con el aumento del nacionalismo en las regiones españolas más sensibles, se ha puesto en práctica un modelo que habría de revisarse, como es la inmersión lingüística, que prima el aprendizaje de la lengua propia de cada comunidad, marginando el castellano y provocando que algunos padres tengan que tomar medidas parecidas a la que ha provocado la sentencia del TSJC. Los alumnos de esas regiones deben tener la posibilidad de aprovechar la riqueza de aprender dos lenguas, y sobre eso no debería haber duda.

Sin embargo, desde los órganos del Estado, se ha promovido una cierta caza a la lengua vernácula, precisamente por ser un elemento diferenciador. Cuando en 2010 el Constitucional falló por fin sobre el Estatut de Cataluña, quiso regular la aplicación de las lenguas. Ante esto, hubo enormes problemas, manifestaciones y un sentimiento de profunda indignación porque el Estado quisiera regular un aspecto de la vida privada como éste.

Lo cierto es que en este asunto hay que ponerles deberes a las dos partes. A las comunidades autónomas, que no utilicen las lenguas propias como un arma arrojadiza ni política, y que negocien con el Estado los planes lingüísticos para evitar la discriminación.

Al Estado, que de una vez reforme la Constitución para que la educación sea materia exclusiva de Ley Orgánica, que no contribuya al odio a las regiones con ese tipo de riqueza cultural por el mero hecho de ser diferentes, y que trabaje por un entendimiento de las partes, y para que de una vez entendamos esto como una fortaleza cultural que nos debe enorgullecer a todos como país.

Los ciudadanos también tenemos que trabajar en esto, enfocándonos en la concordia y en la solidaridad, e intentando rehacer puentes. La lucha antinacionalista ha provocado que sobre todo muchos jóvenes hayan desarrollado un peligroso odio por algunas partes de nuestro país. Contra eso también hay que luchar, siendo un país plural y plurinacional.

El nacionalismo es nuestra forma de incesto, es nuestra idolatría, es nuestra locura. El "patriotismo" es su culto
Erich Fromm

domingo, 7 de abril de 2013

La necesidad del laicismo en la educación global

Después de varios días fuera de juego por las vacaciones de Semana Santa, y las pos - vacaciones de Semana Santa, ya estoy aquí para meter, en la medida de mis posibilidades y siempre desde el respeto, el dedo en la llaga de los problemas y ángulos ciegos de la educación en general, que tanto en España como en el resto del mundo abundan, por qué negarlo.

Uno de esos asuntos que no pasan de moda y que no ha habido valentía aún de abarcar en su inmensidad es el de las confesiones religiosas en la educación. No voy a meterme, por lo menos no en esta entrada, con aquellos países que son absolutamente confesionales, como los musulmanes, que educan a sus niños según la ley de Dios, la llamada 'sharía', o los judíos, que dan un tipo u otro de educación dependiendo de su grado de ortodoxia. No voy a hacerlo porque en cierto modo en estos países una educación confesional, con los criterios que inundan la sociedad de ese país, es coherente con sus leyes fundamentales y con cómo se rigen esos entornos sociales.

Sin embargo, es mucho menos defendible, coherente y explicable que en países que han renunciado formalmente a sus confesiones, por imperativo constitucional y legal, como es el caso de nuestro país, se siga avalando por parte de las subvenciones estatales que pagamos todos la educación con el punto de religiosidad y confesionalidad.

Y es curioso que son precisamente los miembros de ese tipo de docencia los que claman contra cualquier progreso en la educación de todos, como fue el conocido caso de la asignatura Educación para la Ciudadanía, que, siempre según los religiosos y sus aliados mediáticos, era una asignatura con la que Zapatero pretendía adoctrinar a muchísimos niños, y que realmente no era así. Es más posible un adoctrinamiento educativo y al fin y al cabo ideológico desde la educación confesional que desde la laica.

Cierto es que la Constitución Española de 1978, que quedó incompleta en muchos sentidos, algo que es perfectamente comprensible dada la complejidad política del momento en que se hizo, dejó la situación poco clara. Era muy dificil, por no decir absolutamente imposible, que se pasara del nacionalcatolicismo a un sistema en el que se respetara la conciencia de cada uno, pero sin embargo, creo firmemente que con los años habría que haber dado pasos a un laicismo fáctico y real, y haber permitido realmente la convivencia de catolicismo, islamismo y judaísmo. Pero en España somos así.

Estamos viviendo en un país en que se permite la financiación pública de la educación diferenciada, algo prohibido en el resto de los países, y en que se permite también la escolarización en centros del Opus Dei, una rama ultraconservadora del catolicismo que promueve elementos "curiosos", como poco, pero en el que se ha eliminado Educación para la Ciudadanía, que es realmente una asignatura que, primeramente, es la copia de asignaturas que ya existen en toda Europa, y que trata de enseñar, sencilla y llanamente, conceptos realmente útiles tales como el funcionamiento de los estados o el respeto a la diversidad. ¿Será que esto no interesa?

En España, es necesaria una educación pública, gratuita y laica, al modo en que se hace en Francia. La educación francesa es desde luego el modelo que habría que tomar como ejemplo no ya en España, sino en toda Europa. El que lo hizo posible fue un político galo, Jules Ferry, quien hizo posible una enseñanza basada en lo público y en lo laico enfrentándose a los poderes religiosos. Claro que en Francia el laicismo es uno de los elementos básicos del republicanismo que forma parte, vertebra e integra el país vecino, y que tal vez habría que empezar a pensar en traer a España.

Por tanto, habría que cambiar muchas cosas en la educación. La primera cosa que entiendo que habría que cambiar es el artículo 16 de la Constitución Española que establece que ninguna confesión tendrá un carácter estatal, y hablar directamente de laicismo. También habría que reformar las partes del articulado que hablen de educación, para, por una parte, garantizar la educación pública, gratuita y laica, y por otra, prohibir la segregación en las clases, que tanto daño hace.

Sin embargo, por encima de todo, la clave es el respeto y la tolerancia. Recuerdo que una de las materias que yo estudié de niño, que era bastante peculiar, se llamaba Historia de las Religiones, y en ella se estudiaban todas las confesiones, con sus particularidades, tradiciones, ritos, de forma que todos los que pudimos estudiarla tuvimos una formación y un conocimiento extraordinario acerca de la realidad de las religiones, lo cual, al menos en mi caso, permitió una amplitud de pensamiento realmente interesante y útil.

España es un país de tradición católica, lógicamente. Es un país en el que los católicos son mayoritarios, y en la que la base social tiene esa proyección. Sin embargo, igual que los que somos laicos respetamos el catolicismo real, sería necesario que se respetaran las demás confesiones, aunque esto solamente podría hacerse con una ley integral para que se respeten todas las confesiones, y también en la educación, que es al fin y al cabo lo que nos atañe.

La educación es al alma lo que la escultura es a un bloque de mármol
  Joseph Addison