Las dictaduras y regímenes autoritarios comprendieron desde un principio que si se quería calar en un pueblo, tenían mucha más fuerza las clases que las armas. Por ello, es un patrón común visible en todos esos regímenes los planes de educación al respecto. Existen tres modelos diferentes de este tipo de condicionamiento.
El primero fue el de los regímenes dictatoriales de derechas. El mayor ejemplo se encuentra en nuestro país. En España, durante el franquismo, había asignaturas que no solamente trataban de ideología, sino que también trataban de inculcar otro tipo de valores acerca de cómo se había de actuar.
Por una parte, estaba la asignatura llamada Formación del Espíritu Nacional. En global, esta asignatura era sectaria, sexista y propagandística. Los contenidos de la misma pueden consultarse en Internet. A mí personalmente me ha sorprendido un tema, de nombre "Lo antiespañol en la historia". Formación del Espíritu Nacional buscaba la exaltación de los valores golpistas, el aprendizaje de consignas y lemas de la dictadura, y también, modelar la conciencia colectiva en el aplauso a un régimen dictatorial.
Todas las asignaturas posteriores han venido a intentar modificar los estragos que esta asignatura había realizado en una parte del alumnado que se había visto sometida a ella. Cuando, en la campaña contra Educación para la Ciudadanía, a la que dediqué mi última entrada, nadie paraba, alguno se atrevió a comparar esa asignatura con la FEN, diciendo que se quería adoctrinar a los niños de la misma manera que se hacía durante el franquismo. El grueso de estas personas que protestaban ruidosamente contra esa asignatura seguramente buscaría otro tipo de adoctrinamiento, el que se daba en las escuelas durante la dictadura.
No es cuestión de detallar todos los intentos que ha habido desde las diferentes dictaduras de corte autoritario para condicionar a los alumnos a pensar de una determinada manera. Sin embargo, esto es especialmente cruel en la infancia, puesto que los niños son muchísimo más maleables y naturalmente no califican a niños como ellos como el enemigo. El éxito no fue rotundo, y en algunos casos hubo muestras de humanidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, se dieron casos de antiguos compañeros de colegio que protegieron a otros de la persecución.
En el otro extremo del termómetro político se encuentra Cuba. Desde que en 1959 el grupo comandado por el abogado Fidel Castro Ruz tomara el poder en la isla, tampoco se ha dejado al azar la educación de los alumnos cubanos. Existe un libro, llamado "Educación en revolución", que mostraba hasta qué punto debía llegar ese condicionamiento de la educación. En los primeros años, el castrismo no fue comunista, al menos no oficialmente. Sin embargo, a partir del momento en que Castro se lanzó a los brazos de la URSS, la educación cubana pasó a las manos de Moscú.
Muchos han querido ver paralelismos entre este tipo de educación y la que se estableció en Venezuela en 1999, cuando el recién fallecido Hugo Chávez alcanzó el poder. Efectivamente, se ha intentado ideologizar de una manera muy particular allí. El contenido tiene un indudable objetivo de adoctrinar a los alumnos, pero también es cierto que Cuba y Venezuela son dos de los únicos países del mundo que garantizan una educación gratuita y de calidad. No todo es como lo pintan.
Finalmente, existe un tercer modelo más "democrático". Se produce, por ejemplo, en Estados Unidos y en Francia. En los dos países, que actualmente viven en democracia, se enseña desde pequeños a los alumnos la identificación con los símbolos de ese país. Estados Unidos tiene, como se sabe, una organización territorial muy complicada, sin embargo, a los niños se les enseña cuál es su estado, su capital, su gobernador y hasta sus senadores.
En Francia, como dije en el anterior 'post', se estudia en Educación Cívica su complicada historia, y todo aquello que constituye el país. En definitiva, el patriotismo ha de venir de dentro, y no es una asignatura que se deba impartir en las clases. Se cae en el riesgo de manchar de ideología no deseada a los niños, que posteriormente pueden convertirse en adultos llenos de odios y prejuicios.
Los ejemplos corrigen mucho mejor que las reprimendas
Voltaire
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