miércoles, 24 de abril de 2013

Defender Educación para la Ciudadanía

El sentido economicista que se ha instalado en Europa y en particular en España desde el estallido de la crisis económica en el ya lejano 2008 ha hecho que se olviden tiempos en los que importaban otras cosas que la prima de riesgo, la subida de impuestos y el techo de gasto. Tiempos en los que en España se hablaba de derechos civiles, y de la conquista de auténticos hitos, como fue la aprobación de una batería de leyes, como la Ley de Dependencia o la Ley del Matrimonio Igualitario, promovidas por un Gobierno del que hoy todo el mundo reniega.

No es el objetivo de este post dar un 'speech' político, sino centrarme en los contenidos de una asignatura demasiadas veces puesta en la picota en los últimos años por los poderosos 'lobbies' que siguen queriendo controlarlo todo a pesar de que su tiempo de poder acabó con la democracia. Pero tal vez ahora sea el momento de enorgullecernos de que en España hubo un Gobierno progresista que hizo grandes cosas que hoy parecen haberse olvidado. El presidente era José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre injuriado hasta la saciedad en la pasada legislatura, pero gracias al cual fuimos un país pionero en algo: los derechos sociales que hoy se van adoptando poco a poco en Europa.

La educación fue uno de los puntos clave de aquella primera etapa. El PP y sus alas más conservadores defendían hacía tiempo que la asignatura de Religión no se eliminara, como una forma de seguir rindiendo pleitesía a la cúpula eclesiástica. Ni Zapatero ni ninguna de las dos ministras de aquella legislatura, María Jesús San Segundo y Mercedes Cabrera, se pegaron un tiro en el pie luchando encarnizadamente contra esa asignatura. En cambio, decidieron seguir pautas marcadas por Europa, tan respetada cuando es la enemiga de nuestros enemigos.

El Consejo de Europa hizo una resolución en 2002, esto es, 2 años antes de la victoria electoral del PSOE el 14 de marzo de 2004, en que promovía la creación de una Educación para la Ciudadanía como modo de fomentar una sociedad libre, justa y tolerante que defendiera los valores de pluralidad, derechos humanos y Estado de Derecho. El germen no es, por tanto, una conspiración judeomasónica y anticlerical, sino un proyecto europeo que ya se vio en otros países de Europa.

Una vez el proyecto se aprobó en el Congreso de los Diputados, empezó una cruzada del PP y de la Conferencia Episcopal contra esa asignatura. Hubo campañas que quisieron relacionar aquello con la supuesta ruptura de España que se estaba llevando a cabo desde Cataluña por la aprobación del famoso Estatut de 2006, otra falacia de la derecha, puesto que fue una mejora del estatuto ya existente, mejora necesaria dado el tiempo que había pasado entre un texto y otro. Se hablaba de adoctrinamiento ideológico, y cuando el PP llegó al poder, eliminó la asignatura, con un chascarrillo clásico del ministro Wert afirmando que la nueva asignatura no permitiría el adoctrinamiento.

Acerca del adoctrinamiento, resulta curioso que quien defienda que Educación para la Ciudadanía era un modo de inculcar ideologías sea la Iglesia, que con su asignatura de Religión pretende enseñar dogmas varios que no son malos, pero sorprende la situación. La única razón de la ignorante campaña compartida por las capas más recalcitrantes de nuestra sociedad es que la ley la había elaborado el PSOE. Daba igual la recomendación del Consejo Europeo. Ése era suficiente argumento.

Hablo de ignorante campaña porque en todo este tiempo ninguno de los críticos se preocupó por echarle un ojo a los libros y temarios de la asignatura. El temario completo puede consultarse en la web, pero en líneas generales, los temas tratan todos de la convivencia en sociedad, la aproximación a la diversidad, los derechos y deberes ciudadanos o los Estados de Derecho en el mundo. Es decir, la asignatura de Educación para la Ciudadanía ofrece una educación absolutamente básica y ajustada a las exigencias del momento.

Cuando, en la educación universitaria, hay alguna asignatura que enseña el funcionamiento de las estructuras y órganos constitucionales, sorprende el poco conocimiento que se tiene del texto fundamental español y de las estructuras de poder. Sería más fácil si, a partir de la ESO, a los alumnos les enseñaran lo que es el Congreso y el Senado, qué mayorías hacen falta para la moción de censura o para la cuestión de confianza o   qué es el derecho a veto. Porque éstos son elementos que influirán en sus vidas futuras, y está bien que se conozca lo antes posible.

Queda claro que el argumento del adoctrinamiento era solamente un eslogan repetido machaconamente para tratar de convencer a todo el mundo de que Zapatero 'himself' quería adoctrinar a los niños. Esto recuerda a una ofensiva de los 'lobbies' ultraconservadores que consiguieron la expulsión de profesores homosexuales del sistema educativo, porque decían que adoctrinaban a los niños. El activista gay Harvey Milk, objeto de una película protagonizada por Sean Penn, y posteriormente asesinado, sostenía que, si los niños imitaran a sus profesores, habría muchos más curas y monjas por el mundo. El argumento del adoctrinamiento era político, no educativo.

El rechazo a Educación para la Ciudadanía en España contrasta con la implantación que asignaturas similares tienen en el resto de los países. Por ejemplo, en la educación francesa, existe una asignatura llamada Educación Cívica que, desde que el niño es tal, muestra cuáles son los principales órganos de poder en el país galo, quiénes han sido los presidentes o cómo se estructura territorialmente hablando. Éste es todo el adoctrinamiento que hay.

En España, 'different' por naturaleza, parece que prefiramos niños ignorantes antes que niños "adoctrinados". Decía Alicia Delibes, sobrina de Miguel Delibes, esposa del jefe de gabinete de Esperanza Aguirre y viceconsejera de Educación de la Comunidad de Madrid, que "la izquierda pretende conducir la voluntad de los niños y moldear sus conciencias". De acuerdo. Pero no existe una alternativa real a ella.

Aún recuerdo con bochorno una conversación que escuché en el Metro hace unos años. Dos jóvenes estaban preparándose un examen de historia contemporánea de España, y parece ser que tocaban los presidentes del Gobierno. La conversación no tuvo desperdicio. -"El primero fue Adolfo no sé qué, con un partido que creo que se llamaba, ¿cómo se llamaba?" preguntaba uno. La otra respondió -"USD". También se refirieron a Felipe González como Felipe Álvarez. Me dieron ganas de levantarme y decirles cómo era.

Puede ser que sea un lugar común, pero resulta tan obvio que hay que repetirlo de forma machacona: la educación y la política nunca pueden ir juntas. Porque se puede acusar al otro de adoctrinar ideológicamente, y no permitir a los niños que aprendan cosas básicas como las que contenía Educación para la Ciudadanía, pero que quedarán en el limbo como tantas reformas progresistas en este país enterradas por el manto del neoliberalismo perpetuo.

Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres
Pitágoras

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