Pero, sea como sea, todos compartimos esta particularidad de haber sido educados, y todos tenemos recuerdos vívidos de nuestros centros escolares, de nuestros profesores y compañeros con los que compartimos tantas horas y que ayudaron a formar nuestro carácter. He considerado necesario, ya que se me brinda la posibilidad de ofrecer mi punto de vista (a saber qué sale de ahí) acerca del sistema educativo y de todo lo que de ello emana, hacer mía la máxima de que todo empieza por uno mismo, y por ello dedicaré este primer post del blog a explicar cuál ha sido mi andadura escolar durante estos 23 años de vida, en los que he aprendido mucho y en los que se me ha demostrado que siempre se puede conseguir lo que se quiere.
En mi vida, he estado en tres colegios y dos universidades, hasta la fecha. Mi educación no fue nada sencilla, y pasó por demasiados momentos de altibajos en que todo pareció caer por su propio peso. Debo, es verdad, todo a la constancia de mis padres, que jamás dudaron ni un minuto en que yo debía estar escolarizado y en que los pequeños baches que fueron surgiendo no se convirtieran en bajones definitivos. Hubo muchos, pero lo cierto es que me foguearon y me convirtieron en más fuerte.
Yo siempre cuento, como un logro, que he sido "desahuciado" escolarmente hablando tantas veces que ya resulta hasta cómico. A los 9 años, mis profesores advirtieron a mis padres de que mi escolarización era inviable, y que no lograría terminar la educación primaria. Se equivocaron. A los 15 años, otra sentencia lapidaria: no podría terminar la educación secundaria. También se equivocaron. Y a los 19 se empeñaron en que tampoco podría con la universidad. Otra rotunda equivocación. Por ello, valoro la educación que he recibido y que aún hoy recibo, porque ha sido uno de los grandes puntales de mi vida, de lo que soy hoy.
He estado en tres colegios muy diferentes el uno del otro, lo cual no ha hecho más que enriquecer mi educación. Empecé muy pequeño en el Liceo Francés de Madrid. Lo cierto es que desde aquí rompo una lanza a favor de la educación bilingüe, porque a mí personalmente me cambió la vida. Si desde pequeño un niño tiene dos idiomas, dos lenguas diferentes, como fue mi caso, al final lo más probable es que desarrolle una parte del cerebro muy importante. Lo cierto es que mis padres lo tuvieron claro desde el principio: había que hacerlo. Tanto yo como mis hermanos nos educaron allí, y eso moldeó nuestra vida.
Guardo recuerdos contradictorios de ese colegio. Mi salida fue un tanto abrupta, y por ello todo lo relacionado con ello está teñido con las malas vivencias del último curso. Pero además de llevarme el francés puesto para toda mi vida, me impregné del ambiente de libertad que se respiraba en ese colegio, y me hice algunos amigos que sigo conservando. Además, el Liceo puso en práctica por primera vez mi capacidad de aguante y mi fuerza de voluntad, que se impusieron a los oscuros vaticinios de mis maestros y permitieron mi continuidad.
Aterricé de milagro, en septiembre de 1999, en un nuevo colegio. Mi madre se había tomado muy en serio lo de buscarme un nuevo centro escolar, y se había hecho un elaborado documento de Excel con todos los candidatos. Sin embargo, un día, llegué a uno de ellos y me gustó tanto que decidí quedarme. Era el colegio Estilo, un maravilloso proyecto organizado por una de las mujeres a las que más debo en mi vida, la gran escritora Josefina Aldecoa. Se situaba en un pequeño chalet de la colonia de El Viso, en la calle Serrano, y era completamente opuesto a lo que yo estaba acostumbrado: muy pequeño, educación en español, muchisimo más control por parte de las profesoras, que eran mayoría.
Me acostumbré con cierta dificultad al principio, sobre todo porque mis profesoras, me marcaban en corto y no me dejaban pasar ni una, so pena de informar a mi madre. Pero lo cierto es que, en los 4 cursos en los que estuve allí, me hice gran parte de lo que soy ahora. Ellas me inculcaron un amor por la cultura que yo no conocía, y nos hicieron disfrutar a mí y a mis compañeros de una experiencia educativa cercana a los postulados de Francisco Giner de los Ríos y su Institución Libre de Enseñanza.
Como todo lo bueno, aquella experiencia tocó a su fin en 2003, puesto que el colegio solamente tenía enseñanza hasta 2º de la ESO. Me dio mucha rabia tener que dejarlo, porque todo el magnífico personal docente y humano del Estilo se había implicado en mi educación casi tanto como mis padres. Su férreo control era compensado con abundantes muestras de cariño hacia nosotros. Aquel colegio me marcó profundamente, y lo recomiendo siempre.
Mi último colegio fue el Nuevo Equipo. Previamente, había estado pre- inscrito en el Liceo Europeo, pero al final decidí ir a otro. Estaba relativamente cerca de mi casa, y era un punto intermedio entre mis dos anteriores colegios. Era más grande que el Estilo, pero no dejaba de ser un colegio más asequible que el Liceo. Los comienzos fueron también complicados, y los dos primeros cursos, desde el punto de vista académico, fueron auténticas debacles. Pero desde el punto de vista humano, conocí a mucha gente, y me acabé acostumbrando.
Remonté a partir de 4º de la ESO. El bachillerato que hice fue sin mácula por primera vez en mi historia hasta aquel momento. Mi futuro empezaba a otear el horizonte tras 5 cursos en el Nuevo Equipo. En junio de 2008, me gradué definitivamente como "bachiller" en el patio de mi colegio. Allí se reunieron mis padres, mis hermanos, mi abuelo, mi tía y mi primo. Luego empezaría la andadura por la universidad, pero eso es otra historia.
Lo que cabe extraer de esta historieta que he contado para bautizar este blog es que la educación tiene muchos vericuetos, muchas formas de hacerse, y que solamente estando todas las opciones se garantiza la permanencia del sistema. Conmigo no tiraron la toalla, y lo cierto es que hubo motivos para ello en algunas ocasiones. Por tanto, creo que cualquier estudiante que tenga problemas para encontrar su sitio, como me pasó a mí, debe gozar de un abanico de posibilidades para elegir la que más le convenga.
Una persona marca la diferencia, y todo el mundo debe intentarlo
John Fitzgerald Kennedy
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